Resignificación Integrativa del Dolor.

(R.I.D.)

Del dolor físico a la Transformación Interna

Carlos. 52 años. Dolor glúteo y piramidal de más de diez años Hace casi diez años decidí empezar a hacer natación. Las clases de Yoga me habían destruido las cervicales y con 42 años en mi haber ya era hora de hacer algo Saludable, que no pudiera lesionarme, que fuera lo más completo posible, que rehiciera ver como un bañero de Baywatch y que lo pudiera seguir practicando hasta los 96 años y medio. Nada de esto ocurrió, al poco tiempo un dolor de ciática intolerable me dejó inhabilitado para nadar, para manejar y para atarme los cordones. El sólo hecho de sentarme me hacía ver las estrellas. El dolor y mi sensación de “no poder” me llevó a un estado de angustia invalidante. El diagnóstico de mi dolor me lo develó el primer médico de guardia al que recurrí: un muchacho recién recibido de apenas 28 años. : “Si usted tuviera una lesión en la columna no podría haberse flexionado como lo acaba de hacer”. “Es una típica enmascarada, el dolor estar tapando un cuadro de carácter emocional, le recomiendo que vea a un psiquiatra” Por supuesto no le creí, ¿quién confía en los médicos de guardia? Así empezó mi largo vía crucis de nueve años. Conseguí un médico excelente y que sabía de huesos y tendones. Como era de es esperar en la primer resonancia saltó un hernia LS2 o LS1. El sólo pronunciar la sigla parecía darle estatus a mi dolor. Mi médico, me explicó que no era nada relevante pero dado que yo estaba tan dolorido…. Seguimos haciendo estudios para descartar que no hubiera algo más sutil. Me enfurecía que no me encontraran nada en las placas; nadie entendía lo que estaba sufriendo. Un buen día decidí consultar al Pope de los traumatólogos. Guardo dos malos recuerdos de esa consulta: lo que me cobró y tener que escuchar lo me dijo después de dos horas de revisación y lectura de estudios --“Sr : usted no tiene nada. Su hernia es la misma que la que tienen casi todos los hombres de su edad y andan por Palermo dando vueltas al lago” _entonces qué puedo hacer? Le increpé desconcertado --“Lo único que puedo decirle es que no puedo hacer nada por usted. Dos o tres veces a la semana vienen al consultorio pacientes con casos parecidos al suyo. Siempre les digo lo mismo : no encuentro correlación entre el síntoma que presentan y los estudios clínicos” _ Pero Dr, con la mano en el corazón: si yo fuera su hermano que le diría que haga ,si le doliera algo tanto como a mi --“Le diría lo mismo que le acabo de decir, soy el mismo médico para ambos” Salí furioso hubiera querido arrancar de la pared los 800 millones de diplomas que tapizaban las paredes de su consultorio para ricachones. Pero tenía que seguir en la búsqueda. Cada tanto algún médico me daba la razón y me confirmaba que algo tenía: --“han subestimado su síntoma. Acá se ve claramente un LS2 izquierdo,tal cómo describe su dolor, ¿no es así?” Curiosamente los tratamientos nuevos, que iba probando (un promedio de tres por año) mostraban su eficacia hacia la segunda semana: me sentía curado, pain-less, sin dolor…pero invariablemente el síntoma reaparecía a la tercera semana . A esta altura ya me hubiera podido comprar media docena de mini coopers…sólo tenerlos guardados en un Garage, mi ciática me impedía usarlos. En realidad ya no podía ni atarme los cordones. Cada movimiento venía acompañado con una prescripción médica: no te pongas los pantalones parado, no te sientes sobre almohadones blandos, no rotes el cuerpo cuando duermas, no des pasos largos ..Cualquier ínfimo desplazamiento podía despertarlo y vivía en alerta permanente: La última fisiatra, que me atendió me sugirió con inteligencia -- “Probaste los más sofisticados tratamientos y no resultaron Volvamos al inicio, a lo más básico ,intentemos con la magnetoterapia que nunca probaste” Había dado la vuelta al mundo y todavía no había salido de Ezeiza. Fue en ese momento cuando me enteré de la teoría de John Sarno a través de Sebastián( Cillo ), quién ,a su vez, me había tratado años atrás, con el método McKenzie , un enfoque mecanicista que nada podía hacer por un cuadro psico-somático. El libro de Sarno describía exactamente lo que me pasaba de una manera tan simple que desconcertaba. Según Sarno el 99% de sus pacientes se había curado con sólo entender el mecanismo del dolor psicosomático y la relación mente-cuerpo. Los ejemplos que presentaba eran del tipo : ”Algunos de mis lectores tiraron su silla de ruedas en el último capítulo, sacaron el primer vuelo al Gran Cañón, se tiraron en paracaídas y como ya estaban curados (de lo que nunca habían tenido) emprendieron las escalada con cueras y poleas como Tom Cruise en MI 2. Otra vez me ubiqué en el 1% de los que no habían logrado “curarse”. A pesar de mi sensación de impotencia (la misma que me produjo el eminente traumatólogo) empecé a hacer pequeños cambios en mi rutina. La bauticé “levantarme con el pie izquierdo” y consistía en empezar mis movimientos con la pierna dolorida. Si tenía que subir al colectivo…mi pierna izquierda, etc. Estaba seguro que tenía lo que Sarno llama SMT (Síndrome de Miositis Tensional), pero no me alcanzaba con entenderlo, necesitaba que alguien pudiera ayudarme de una forma humana y comprensiva. Fue entonces que tomé la decisión de llamar a Sebastián y acordamos un lapso de ocho sesiones o encuentros. . El trabajo que me propuso Sebastián, difería en parte de la del libro; requería un gran esfuerzo de introspección y una intensa re-conexión con mis emociones básicas. Me dió un cuadernillo para completar día a día. En mi caso personal el sólo hecho de escribir me producía un enorme alivio; una y otra vez confirmanba que mi dolor se refería a otros dolores ligados casi siempre a sucesos traumáticos de mi infancia. ¿Por qué no lo pude resolver con 20 años de psicoterapia? Sencillamente porque el abordaje es completamente diferente…. Un día durante el tratamiento ocurrió un episodio memorable: era un día de inverno de 0 grados, esos en los que el cielo está bajo como una lámina de acero Como todo obsesivo toqué el timbre con el dedo congelado a las 15 hs. puntual. --“Carlos vengo atrasado con un paciente, podrás pasar más o menos en 20 minutos? Si esta situación hubiera ocurrido antes de empezar a entender mis emociones hubiera "pensado": ...bueno cualquiera se puede retrasar, no le voy a decir nada...me está ayudando tanto, etc, etc Pero el tratamiento habla de sentir NO de pensar o justificar las emociones. Y eso estaba sintiendo precisamente: ira; ira en mi pierna y mi piel. Enojo también conmigo mismo por no atrever a enojarme frente al otro. Empecé a caminar en busca de algún bar calentito pero nada. Me resonaba como un latiguillo la frase de un mítico boxeador popular : “ a mí se me respeta, carajo”, Eso era lo menos que quería decirle a Sebastián . Cuando me abrió la puerta el increíble Hulk volvió a transformarse en el bueno y sumiso de siempre. Atiné a ser irónico con un lánguido: “Quisiste poner a prueba mis emociones haciéndome esperar media hora en el freezer, jaja” Pero Sebastián cazó al vuelo la oportunidad de sacar afuera esta ráfaga de emociones y a enfrentarme cara a cara con mi enojo…como Gatica acorralando a su adversario contra las cuerdas del ring. Esa semana el dolor volvió a marcar rojo pero el miedo empezó a ceder y decidí empezar a correr y a levantar más carga en el gimnasio. Casi sin pensar la intensidad del dolor empezó a ceder, No había relación entre él y el esfuerzo físico. Seguí viendo a Sebastián 4 encuentros más; no volvió a dejarme afuera en el frío. Les mentiría si les dijera que nunca más me dolió o que ya me curé de lo nunca tuve. No ocurrió como en las películas no volví a pileta y no estaban todos esperándome para cruzar el Canal de la Mancha. Me anoté en una asignatura pendiente: jugar al ping pong. Jamás había hecho una actividad física que implicara un contrincante tan directo y frontal. Con todos mis miedos me anoté en un club de barrio y por primera vez me enfrenté a un rival …que no era más que yo mismo recuperando al placer de moverme y jugar. Carlos, Buenos Aires 2011
TESTIMONIOS

Diseño: OMF Studio

 

Resignificación Integrativa del Dolor.

(R.I.D.)

Del dolor físico a la Transformación Interna

Carlos. 52 años. Dolor glúteo y piramidal de más de diez años Hace casi diez años decidí empezar a hacer natación. Las clases de Yoga me habían destruido las cervicales y con 42 años en mi haber ya era hora de hacer algo Saludable, que no pudiera lesionarme, que fuera lo más completo posible, que rehiciera ver como un bañero de Baywatch y que lo pudiera seguir practicando hasta los 96 años y medio. Nada de esto ocurrió, al poco tiempo un dolor de ciática intolerable me dejó inhabilitado para nadar, para manejar y para atarme los cordones. El sólo hecho de sentarme me hacía ver las estrellas. El dolor y mi sensación de “no poder” me llevó a un estado de angustia invalidante. El diagnóstico de mi dolor me lo develó el primer médico de guardia al que recurrí: un muchacho recién recibido de apenas 28 años. : “Si usted tuviera una lesión en la columna no podría haberse flexionado como lo acaba de hacer”. “Es una típica enmascarada, el dolor estar tapando un cuadro de carácter emocional, le recomiendo que vea a un psiquiatra” Por supuesto no le creí, ¿quién confía en los médicos de guardia? Así empezó mi largo vía crucis de nueve años. Conseguí un médico excelente y que sabía de huesos y tendones. Como era de es esperar en la primer resonancia saltó un hernia LS2 o LS1. El sólo pronunciar la sigla parecía darle estatus a mi dolor. Mi médico, me explicó que no era nada relevante pero dado que yo estaba tan dolorido…. Seguimos haciendo estudios para descartar que no hubiera algo más sutil. Me enfurecía que no me encontraran nada en las placas; nadie entendía lo que estaba sufriendo. Un buen día decidí consultar al Pope de los traumatólogos. Guardo dos malos recuerdos de esa consulta: lo que me cobró y tener que escuchar lo me dijo después de dos horas de revisación y lectura de estudios --“Sr : usted no tiene nada. Su hernia es la misma que la que tienen casi todos los hombres de su edad y andan por Palermo dando vueltas al lago” _entonces qué puedo hacer? Le increpé desconcertado --“Lo único que puedo decirle es que no puedo hacer nada por usted. Dos o tres veces a la semana vienen al consultorio pacientes con casos parecidos al suyo. Siempre les digo lo mismo : no encuentro correlación entre el síntoma que presentan y los estudios clínicos” _ Pero Dr, con la mano en el corazón: si yo fuera su hermano que le diría que haga ,si le doliera algo tanto como a mi --“Le diría lo mismo que le acabo de decir, soy el mismo médico para ambos” Salí furioso hubiera querido arrancar de la pared los 800 millones de diplomas que tapizaban las paredes de su consultorio para ricachones. Pero tenía que seguir en la búsqueda. Cada tanto algún médico me daba la razón y me confirmaba que algo tenía: --“han subestimado su síntoma. Acá se ve claramente un LS2 izquierdo,tal cómo describe su dolor, ¿no es así?” Curiosamente los tratamientos nuevos, que iba probando (un promedio de tres por año) mostraban su eficacia hacia la segunda semana: me sentía curado, pain-less, sin dolor…pero invariablemente el síntoma reaparecía a la tercera semana . A esta altura ya me hubiera podido comprar media docena de mini coopers…sólo tenerlos guardados en un Garage, mi ciática me impedía usarlos. En realidad ya no podía ni atarme los cordones. Cada movimiento venía acompañado con una prescripción médica: no te pongas los pantalones parado, no te sientes sobre almohadones blandos, no rotes el cuerpo cuando duermas, no des pasos largos ..Cualquier ínfimo desplazamiento podía despertarlo y vivía en alerta permanente: La última fisiatra, que me atendió me sugirió con inteligencia -- “Probaste los más sofisticados tratamientos y no resultaron Volvamos al inicio, a lo más básico ,intentemos con la magnetoterapia que nunca probaste” Había dado la vuelta al mundo y todavía no había salido de Ezeiza. Fue en ese momento cuando me enteré de la teoría de John Sarno a través de Sebastián( Cillo ), quién ,a su vez, me había tratado años atrás, con el método McKenzie , un enfoque mecanicista que nada podía hacer por un cuadro psico-somático. El libro de Sarno describía exactamente lo que me pasaba de una manera tan simple que desconcertaba. Según Sarno el 99% de sus pacientes se había curado con sólo entender el mecanismo del dolor psicosomático y la relación mente-cuerpo. Los ejemplos que presentaba eran del tipo : ”Algunos de mis lectores tiraron su silla de ruedas en el último capítulo, sacaron el primer vuelo al Gran Cañón, se tiraron en paracaídas y como ya estaban curados (de lo que nunca habían tenido) emprendieron las escalada con cueras y poleas como Tom Cruise en MI 2. Otra vez me ubiqué en el 1% de los que no habían logrado “curarse”. A pesar de mi sensación de impotencia (la misma que me produjo el eminente traumatólogo) empecé a hacer pequeños cambios en mi rutina. La bauticé “levantarme con el pie izquierdo” y consistía en empezar mis movimientos con la pierna dolorida. Si tenía que subir al colectivo…mi pierna izquierda, etc. Estaba seguro que tenía lo que Sarno llama SMT (Síndrome de Miositis Tensional), pero no me alcanzaba con entenderlo, necesitaba que alguien pudiera ayudarme de una forma humana y comprensiva. Fue entonces que tomé la decisión de llamar a Sebastián y acordamos un lapso de ocho sesiones o encuentros. . El trabajo que me propuso Sebastián, difería en parte de la del libro; requería un gran esfuerzo de introspección y una intensa re-conexión con mis emociones básicas. Me dió un cuadernillo para completar día a día. En mi caso personal el sólo hecho de escribir me producía un enorme alivio; una y otra vez confirmanba que mi dolor se refería a otros dolores ligados casi siempre a sucesos traumáticos de mi infancia. ¿Por qué no lo pude resolver con 20 años de psicoterapia? Sencillamente porque el abordaje es completamente diferente…. Un día durante el tratamiento ocurrió un episodio memorable: era un día de inverno de 0 grados, esos en los que el cielo está bajo como una lámina de acero Como todo obsesivo toqué el timbre con el dedo congelado a las 15 hs. puntual. --“Carlos vengo atrasado con un paciente, podrás pasar más o menos en 20 minutos? Si esta situación hubiera ocurrido antes de empezar a entender mis emociones hubiera "pensado": ...bueno cualquiera se puede retrasar, no le voy a decir nada...me está ayudando tanto, etc, etc Pero el tratamiento habla de sentir NO de pensar o justificar las emociones. Y eso estaba sintiendo precisamente: ira; ira en mi pierna y mi piel. Enojo también conmigo mismo por no atrever a enojarme frente al otro. Empecé a caminar en busca de algún bar calentito pero nada. Me resonaba como un latiguillo la frase de un mítico boxeador popular : “ a mí se me respeta, carajo”, Eso era lo menos que quería decirle a Sebastián . Cuando me abrió la puerta el increíble Hulk volvió a transformarse en el bueno y sumiso de siempre. Atiné a ser irónico con un lánguido: “Quisiste poner a prueba mis emociones haciéndome esperar media hora en el freezer, jaja” Pero Sebastián cazó al vuelo la oportunidad de sacar afuera esta ráfaga de emociones y a enfrentarme cara a cara con mi enojo…como Gatica acorralando a su adversario contra las cuerdas del ring. Esa semana el dolor volvió a marcar rojo pero el miedo empezó a ceder y decidí empezar a correr y a levantar más carga en el gimnasio. Casi sin pensar la intensidad del dolor empezó a ceder, No había relación entre él y el esfuerzo físico. Seguí viendo a Sebastián 4 encuentros más; no volvió a dejarme afuera en el frío. Les mentiría si les dijera que nunca más me dolió o que ya me curé de lo nunca tuve. No ocurrió como en las películas no volví a pileta y no estaban todos esperándome para cruzar el Canal de la Mancha. Me anoté en una asignatura pendiente: jugar al ping pong. Jamás había hecho una actividad física que implicara un contrincante tan directo y frontal. Con todos mis miedos me anoté en un club de barrio y por primera vez me enfrenté a un rival …que no era más que yo mismo recuperando al placer de moverme y jugar. Carlos, Buenos Aires 2011
TESTIMONIOS

Diseño: OMF Studio

Carlos. 52 años. Dolor glúteo y piramidal de más de diez años Hace casi diez años decidí empezar a hacer natación. Las clases de Yoga me habían destruido las cervicales y con 42 años en mi haber ya era hora de hacer algo Saludable, que no pudiera lesionarme, que fuera lo más completo posible, que rehiciera ver como un bañero de Baywatch y que lo pudiera seguir practicando hasta los 96 años y medio. Nada de esto ocurrió, al poco tiempo un dolor de ciática intolerable me dejó inhabilitado para nadar, para manejar y para atarme los cordones. El sólo hecho de sentarme me hacía ver las estrellas. El dolor y mi sensación de “no poder” me llevó a un estado de angustia invalidante. El diagnóstico de mi dolor me lo develó el primer médico de guardia al que recurrí: un muchacho recién recibido de apenas 28 años. : “Si usted tuviera una lesión en la columna no podría haberse flexionado como lo acaba de hacer”. “Es una típica enmascarada, el dolor estar tapando un cuadro de carácter emocional, le recomiendo que vea a un psiquiatra” Por supuesto no le creí, ¿quién confía en los médicos de guardia? Así empezó mi largo vía crucis de nueve años. Conseguí un médico excelente y que sabía de huesos y tendones. Como era de es esperar en la primer resonancia saltó un hernia LS2 o LS1. El sólo pronunciar la sigla parecía darle estatus a mi dolor. Mi médico, me explicó que no era nada relevante pero dado que yo estaba tan dolorido…. Seguimos haciendo estudios para descartar que no hubiera algo más sutil. Me enfurecía que no me encontraran nada en las placas; nadie entendía lo que estaba sufriendo. Un buen día decidí consultar al Pope de los traumatólogos. Guardo dos malos recuerdos de esa consulta: lo que me cobró y tener que escuchar lo me dijo después de dos horas de revisación y lectura de estudios --“Sr : usted no tiene nada. Su hernia es la misma que la que tienen casi todos los hombres de su edad y andan por Palermo dando vueltas al lago” _entonces qué puedo hacer? Le increpé desconcertado --“Lo único que puedo decirle es que no puedo hacer nada por usted. Dos o tres veces a la semana vienen al consultorio pacientes con casos parecidos al suyo. Siempre les digo lo mismo : no encuentro correlación entre el síntoma que presentan y los estudios clínicos” _ Pero Dr, con la mano en el corazón: si yo fuera su hermano que le diría que haga ,si le doliera algo tanto como a mi --“Le diría lo mismo que le acabo de decir, soy el mismo médico para ambos” Salí furioso hubiera querido arrancar de la pared los 800 millones de diplomas que tapizaban las paredes de su consultorio para ricachones. Pero tenía que seguir en la búsqueda. Cada tanto algún médico me daba la razón y me confirmaba que algo tenía: --“han subestimado su síntoma. Acá se ve claramente un LS2 izquierdo,tal cómo describe su dolor, ¿no es así?” Curiosamente los tratamientos nuevos, que iba probando (un promedio de tres por año) mostraban su eficacia hacia la segunda semana: me sentía curado, pain-less, sin dolor…pero invariablemente el síntoma reaparecía a la tercera semana . A esta altura ya me hubiera podido comprar media docena de mini coopers…sólo tenerlos guardados en un Garage, mi ciática me impedía usarlos. En realidad ya no podía ni atarme los cordones. Cada movimiento venía acompañado con una prescripción médica: no te pongas los pantalones parado, no te sientes sobre almohadones blandos, no rotes el cuerpo cuando duermas, no des pasos largos ..Cualquier ínfimo desplazamiento podía despertarlo y vivía en alerta permanente: La última fisiatra, que me atendió me sugirió con inteligencia -- “Probaste los más sofisticados tratamientos y no resultaron Volvamos al inicio, a lo más básico ,intentemos con la magnetoterapia que nunca probaste” Había dado la vuelta al mundo y todavía no había salido de Ezeiza. Fue en ese momento cuando me enteré de la teoría de John Sarno a través de Sebastián( Cillo ), quién ,a su vez, me había tratado años atrás, con el método McKenzie , un enfoque mecanicista que nada podía hacer por un cuadro psico-somático. El libro de Sarno describía exactamente lo que me pasaba de una manera tan simple que desconcertaba. Según Sarno el 99% de sus pacientes se había curado con sólo entender el mecanismo del dolor psicosomático y la relación mente-cuerpo. Los ejemplos que presentaba eran del tipo : ”Algunos de mis lectores tiraron su silla de ruedas en el último capítulo, sacaron el primer vuelo al Gran Cañón, se tiraron en paracaídas y como ya estaban curados (de lo que nunca habían tenido) emprendieron las escalada con cueras y poleas como Tom Cruise en MI 2. Otra vez me ubiqué en el 1% de los que no habían logrado “curarse”. A pesar de mi sensación de impotencia (la misma que me produjo el eminente traumatólogo) empecé a hacer pequeños cambios en mi rutina. La bauticé “levantarme con el pie izquierdo” y consistía en empezar mis movimientos con la pierna dolorida. Si tenía que subir al colectivo…mi pierna izquierda, etc. Estaba seguro que tenía lo que Sarno llama SMT (Síndrome de Miositis Tensional), pero no me alcanzaba con entenderlo, necesitaba que alguien pudiera ayudarme de una forma humana y comprensiva. Fue entonces que tomé la decisión de llamar a Sebastián y acordamos un lapso de ocho sesiones o encuentros. . El trabajo que me propuso Sebastián, difería en parte de la del libro; requería un gran esfuerzo de introspección y una intensa re-conexión con mis emociones básicas. Me dió un cuadernillo para completar día a día. En mi caso personal el sólo hecho de escribir me producía un enorme alivio; una y otra vez confirmanba que mi dolor se refería a otros dolores ligados casi siempre a sucesos traumáticos de mi infancia. ¿Por qué no lo pude resolver con 20 años de psicoterapia? Sencillamente porque el abordaje es completamente diferente…. Un día durante el tratamiento ocurrió un episodio memorable: era un día de inverno de 0 grados, esos en los que el cielo está bajo como una lámina de acero Como todo obsesivo toqué el timbre con el dedo congelado a las 15 hs. puntual. --“Carlos vengo atrasado con un paciente, podrás pasar más o menos en 20 minutos? Si esta situación hubiera ocurrido antes de empezar a entender mis emociones hubiera "pensado": ...bueno cualquiera se puede retrasar, no le voy a decir nada...me está ayudando tanto, etc, etc Pero el tratamiento habla de sentir NO de pensar o justificar las emociones. Y eso estaba sintiendo precisamente: ira; ira en mi pierna y mi piel. Enojo también conmigo mismo por no atrever a enojarme frente al otro. Empecé a caminar en busca de algún bar calentito pero nada. Me resonaba como un latiguillo la frase de un mítico boxeador popular : “ a mí se me respeta, carajo”, Eso era lo menos que quería decirle a Sebastián . Cuando me abrió la puerta el increíble Hulk volvió a transformarse en el bueno y sumiso de siempre. Atiné a ser irónico con un lánguido: “Quisiste poner a prueba mis emociones haciéndome esperar media hora en el freezer, jaja” Pero Sebastián cazó al vuelo la oportunidad de sacar afuera esta ráfaga de emociones y a enfrentarme cara a cara con mi enojo…como Gatica acorralando a su adversario contra las cuerdas del ring. Esa semana el dolor volvió a marcar rojo pero el miedo empezó a ceder y decidí empezar a correr y a levantar más carga en el gimnasio. Casi sin pensar la intensidad del dolor empezó a ceder, No había relación entre él y el esfuerzo físico. Seguí viendo a Sebastián 4 encuentros más; no volvió a dejarme afuera en el frío. Les mentiría si les dijera que nunca más me dolió o que ya me curé de lo nunca tuve. No ocurrió como en las películas no volví a pileta y no estaban todos esperándome para cruzar el Canal de la Mancha. Me anoté en una asignatura pendiente: jugar al ping pong. Jamás había hecho una actividad física que implicara un contrincante tan directo y frontal. Con todos mis miedos me anoté en un club de barrio y por primera vez me enfrenté a un rival …que no era más que yo mismo recuperando al placer de moverme y jugar. Carlos, Buenos Aires 2011
TESTIMONIOS

 

Resignificación Integrativa del Dolor.

(R.I.D.)

Del dolor físico a la Transformación Interna

Lic. Sebastián Cillo

Carlos. 52 años. Dolor glúteo y piramidal de más de diez años Hace casi diez años decidí empezar a hacer natación. Las clases de Yoga me habían destruido las cervicales y con 42 años en mi haber ya era hora de hacer algo Saludable, que no pudiera lesionarme, que fuera lo más completo posible, que rehiciera ver como un bañero de Baywatch y que lo pudiera seguir practicando hasta los 96 años y medio. Nada de esto ocurrió, al poco tiempo un dolor de ciática intolerable me dejó inhabilitado para nadar, para manejar y para atarme los cordones. El sólo hecho de sentarme me hacía ver las estrellas. El dolor y mi sensación de “no poder” me llevó a un estado de angustia invalidante. El diagnóstico de mi dolor me lo develó el primer médico de guardia al que recurrí: un muchacho recién recibido de apenas 28 años. : “Si usted tuviera una lesión en la columna no podría haberse flexionado como lo acaba de hacer”. “Es una típica enmascarada, el dolor estar tapando un cuadro de carácter emocional, le recomiendo que vea a un psiquiatra” Por supuesto no le creí, ¿quién confía en los médicos de guardia? Así empezó mi largo vía crucis de nueve años. Conseguí un médico excelente y que sabía de huesos y tendones. Como era de es esperar en la primer resonancia saltó un hernia LS2 o LS1. El sólo pronunciar la sigla parecía darle estatus a mi dolor. Mi médico, me explicó que no era nada relevante pero dado que yo estaba tan dolorido…. Seguimos haciendo estudios para descartar que no hubiera algo más sutil. Me enfurecía que no me encontraran nada en las placas; nadie entendía lo que estaba sufriendo. Un buen día decidí consultar al Pope de los traumatólogos. Guardo dos malos recuerdos de esa consulta: lo que me cobró y tener que escuchar lo me dijo después de dos horas de revisación y lectura de estudios --“Sr : usted no tiene nada. Su hernia es la misma que la que tienen casi todos los hombres de su edad y andan por Palermo dando vueltas al lago” _entonces qué puedo hacer? Le increpé desconcertado --“Lo único que puedo decirle es que no puedo hacer nada por usted. Dos o tres veces a la semana vienen al consultorio pacientes con casos parecidos al suyo. Siempre les digo lo mismo : no encuentro correlación entre el síntoma que presentan y los estudios clínicos” _ Pero Dr, con la mano en el corazón: si yo fuera su hermano que le diría que haga ,si le doliera algo tanto como a mi --“Le diría lo mismo que le acabo de decir, soy el mismo médico para ambos” Salí furioso hubiera querido arrancar de la pared los 800 millones de diplomas que tapizaban las paredes de su consultorio para ricachones. Pero tenía que seguir en la búsqueda. Cada tanto algún médico me daba la razón y me confirmaba que algo tenía: --“han subestimado su síntoma. Acá se ve claramente un LS2 izquierdo,tal cómo describe su dolor, ¿no es así?” Curiosamente los tratamientos nuevos, que iba probando (un promedio de tres por año) mostraban su eficacia hacia la segunda semana: me sentía curado, pain-less, sin dolor…pero invariablemente el síntoma reaparecía a la tercera semana . A esta altura ya me hubiera podido comprar media docena de mini coopers…sólo tenerlos guardados en un Garage, mi ciática me impedía usarlos. En realidad ya no podía ni atarme los cordones. Cada movimiento venía acompañado con una prescripción médica: no te pongas los pantalones parado, no te sientes sobre almohadones blandos, no rotes el cuerpo cuando duermas, no des pasos largos ..Cualquier ínfimo desplazamiento podía despertarlo y vivía en alerta permanente: La última fisiatra, que me atendió me sugirió con inteligencia -- “Probaste los más sofisticados tratamientos y no resultaron Volvamos al inicio, a lo más básico ,intentemos con la magnetoterapia que nunca probaste” Había dado la vuelta al mundo y todavía no había salido de Ezeiza. Fue en ese momento cuando me enteré de la teoría de John Sarno a través de Sebastián( Cillo ), quién ,a su vez, me había tratado años atrás, con el método McKenzie , un enfoque mecanicista que nada podía hacer por un cuadro psico-somático. El libro de Sarno describía exactamente lo que me pasaba de una manera tan simple que desconcertaba. Según Sarno el 99% de sus pacientes se había curado con sólo entender el mecanismo del dolor psicosomático y la relación mente-cuerpo. Los ejemplos que presentaba eran del tipo : ”Algunos de mis lectores tiraron su silla de ruedas en el último capítulo, sacaron el primer vuelo al Gran Cañón, se tiraron en paracaídas y como ya estaban curados (de lo que nunca habían tenido) emprendieron las escalada con cueras y poleas como Tom Cruise en MI 2. Otra vez me ubiqué en el 1% de los que no habían logrado “curarse”. A pesar de mi sensación de impotencia (la misma que me produjo el eminente traumatólogo) empecé a hacer pequeños cambios en mi rutina. La bauticé “levantarme con el pie izquierdo” y consistía en empezar mis movimientos con la pierna dolorida. Si tenía que subir al colectivo…mi pierna izquierda, etc. Estaba seguro que tenía lo que Sarno llama SMT (Síndrome de Miositis Tensional), pero no me alcanzaba con entenderlo, necesitaba que alguien pudiera ayudarme de una forma humana y comprensiva. Fue entonces que tomé la decisión de llamar a Sebastián y acordamos un lapso de ocho sesiones o encuentros. . El trabajo que me propuso Sebastián, difería en parte de la del libro; requería un gran esfuerzo de introspección y una intensa re-conexión con mis emociones básicas. Me dió un cuadernillo para completar día a día. En mi caso personal el sólo hecho de escribir me producía un enorme alivio; una y otra vez confirmanba que mi dolor se refería a otros dolores ligados casi siempre a sucesos traumáticos de mi infancia. ¿Por qué no lo pude resolver con 20 años de psicoterapia? Sencillamente porque el abordaje es completamente diferente…. Un día durante el tratamiento ocurrió un episodio memorable: era un día de inverno de 0 grados, esos en los que el cielo está bajo como una lámina de acero Como todo obsesivo toqué el timbre con el dedo congelado a las 15 hs. puntual. --“Carlos vengo atrasado con un paciente, podrás pasar más o menos en 20 minutos? Si esta situación hubiera ocurrido antes de empezar a entender mis emociones hubiera "pensado": ...bueno cualquiera se puede retrasar, no le voy a decir nada...me está ayudando tanto, etc, etc Pero el tratamiento habla de sentir NO de pensar o justificar las emociones. Y eso estaba sintiendo precisamente: ira; ira en mi pierna y mi piel. Enojo también conmigo mismo por no atrever a enojarme frente al otro. Empecé a caminar en busca de algún bar calentito pero nada. Me resonaba como un latiguillo la frase de un mítico boxeador popular : “ a mí se me respeta, carajo”, Eso era lo menos que quería decirle a Sebastián . Cuando me abrió la puerta el increíble Hulk volvió a transformarse en el bueno y sumiso de siempre. Atiné a ser irónico con un lánguido: “Quisiste poner a prueba mis emociones haciéndome esperar media hora en el freezer, jaja” Pero Sebastián cazó al vuelo la oportunidad de sacar afuera esta ráfaga de emociones y a enfrentarme cara a cara con mi enojo…como Gatica acorralando a su adversario contra las cuerdas del ring. Esa semana el dolor volvió a marcar rojo pero el miedo empezó a ceder y decidí empezar a correr y a levantar más carga en el gimnasio. Casi sin pensar la intensidad del dolor empezó a ceder, No había relación entre él y el esfuerzo físico. Seguí viendo a Sebastián 4 encuentros más; no volvió a dejarme afuera en el frío. Les mentiría si les dijera que nunca más me dolió o que ya me curé de lo nunca tuve. No ocurrió como en las películas no volví a pileta y no estaban todos esperándome para cruzar el Canal de la Mancha. Me anoté en una asignatura pendiente: jugar al ping pong. Jamás había hecho una actividad física que implicara un contrincante tan directo y frontal. Con todos mis miedos me anoté en un club de barrio y por primera vez me enfrenté a un rival …que no era más que yo mismo recuperando al placer de moverme y jugar. Carlos, Buenos Aires 2011

Siguiente...

Diseño: OMF Studio

Diseño: OMF Studio